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21.5.12

SUBTITULADO 2.0

Esta vez va de subtítulos la cosa. El año pasado hice para Traducción e Internete una pequeña y modesta presentación sobre el subtitulado. Nada demasiado pomposo ni técnico sino, más bien, impresiones de una novata en este campo. Hará un par de días terminé de subtitular el vídeo que presenté el pasado curso; como era una exposición casera no hacía falta mostrar todo el vídeo sino, más que nada, el proceso. He pensado que como no fuimos muchos en aquella asignatura el primer semestre voy a contaros cómo fue el proceso.

En primer lugar, debiéramos hacer una gran distinción entre subtitular partiendo de cero y subtitular partiendo de un archivo .srt o .sat ya creado. Para el primer caso escogí esta entrevista al modelo inglés Joosh Beech. Era un vídeo no muy largo con lo cual el proyecto era bastante accesible. Para el segundo caso escogí el primer capítulo de la primera temporada de la serie de televisión estadounidense The Walking Dead. Bien, la diferencias más notables son la transcripción y la sincronización. Para poder subtitular la entrevista, tuve que hacer una transcripción de la misma en inglés, traducirla y luego ir segundo a segundo sincronizando los subtítulos. Sin embargo, con la serie de televisión, no tuve más que bajarme unos subtítulos en inglés ya hechos e ir traduciendo, ni más ni menos. No por nada en muchas de las páginas de las que hablamos cuando comentamos la traducción colaborativa se especifica a cargo de quién corre la sincronización pues es un arduo trabajo que requiere tiempo y paciencia y, por supuesto, reconocimiento.

En cuanto a los recursos utilizados, de nuevo se nos presenta el problema del que hablamos al explicar la gestión de proyectos; y es que a pesar de que existen programas Macqueros, algunos no ofrecen la calidad de sus hermanos los Windows. El archiconocido Subtitles Workshop no es compatible con Mac así que después de probar Aegisub y Jubler me quedé con Miyu, que es el que vengo utilizando desde entonces. He de reconocer que muchas veces se me ha colgado y he tenido que volver a ponerme a sincronizar y que, en más de una ocasión, he querido tirar la toalla (y de paso el ordenador por la ventana). No obstante, una vez le pillas el tranquillo, es relativamente fácil. Simplemente, tienes que guardar continuamente el proyecto y no pretender que el programa vaya a la velocidad de la luz.

Un problema grave que le encuentro es que, aunque el archivo de subtítulos se puede exportar perfectamente como un .srt o un .sat, a la hora de exportar el vídeo con los subtítulos ya incrustados, no soporta el formato .avi, con lo cual sólo puedes extraerlo como un vídeo de QuickTime, con todo lo que ello conlleva. Tengo aún que investigar programas que permitan unir un archivo .srt con un archivo .avi, si bien es cierto que con el VLC no hay ningún problema en cargar el vídeo y su archivo de subtítulos correspondiente, siempre y cuando, como ya sabéis, lleven el mismo nombre.

Un último apunte sería el hecho de que los subtítulos no se ven igual en Miyu que en VLC. En Miyu son amarillos y ocupan bastante menos espacio mientras que en VLC son blancos y más grandes. Esto es importante pues en Miyu puede que una frase de diálogo ocupe una línea o dos y que estas se conviertan en tres en el VLC. Para evitar este tipo de problemas, en la medida de lo posible debe haber sólo una línea por fotograma, a lo sumo dos, para que se pueda seguir bien y no haya demasiada letra arrejuntada. ¡Por cierto! Cuando exportamos el archivo .srt, debemos ponerle el encoding Unicode (UTF-8) si no queremos que las tildes y las eñes se nos vayan al garete. 

Aquí os dejo una captura de mi entorno de trabajo, para que podáis ver la interfaz del programa, cómo se puede previsualizar el vídeo con los subtítulos incrustados, la sincronización por horas, minutos, segundos y en décimas de segundo (que son las que marcan la diferencia, en realidad, entre una intervención y otra), etcétera.



Después de estar enredando rato y rato con programas para juntar un archivo .avi y un archivo .srt, decidí darle una oportunidad al D-Vision 3. Todo iba bien hasta que en las opciones de encoding no encontré el archiconocido UTF-8. ¿Consecuencia? El .avi resultante había descalabrado todas las tildes, eñes e interrogaciones de apertura. Si los subtítulos hubieran estado en inglés, no habría habido ningún problema pero al estar en español y el programa no ofrecer la posibilidad del UTF-8 el restultado deja bastante que desear puesto que es prácticamente imposible, aunque se intuya que son tildes o interrogaciones, leer los subtítulos. 

Miyu me dejó exportar el vídeo con los subtítulos y, si bien es cierto que el VLC no puede reproducir el formato del QuickTime, tanto el QuickTime Player como el RealPlayer pueden reproducirlo sin problemas y una ventaja de exportarlos en este formato es que los subtítulos mantienen el tamaño y la disposición original, es decir, la que en la interfaz del programa aparece. Una gran desventaja es que, por ejemplo, YouTube no soporta este tipo de formatos. Al subir el vídeo a mi cuenta para poder compartir el enlace aquí, el audio desapareció y únicamente se veía el vídeo con los subtítulos. Sé que si tienes el QuickTime Pro puedes hacer determinados ajustes para que, después, YouTube pueda subirlo sin problemas de sincronización pero, desgraciadamente, no dispongo de esas herramientas a día de hoy con lo que, muy a mi pesar, no puedo mostrar el vídeo aquí en el blog. 

No obstante, pregunté a mi ducho amigo Carlos (autor de El Antro del Traductor) sobre programas que unieran .avi con .srt o .ass y me dijo que él utilizaba el VirtualDub que, para variar, no se encuentra disponible para Mac. Si tengo tiempo intentaré descargar el programa en algún ordenador Windows (o utilizarle como recurso informático) y hacer la fusión y así poder compartir con todos vosotros mi humilde trabajo. Hasta entonces, seguiremos con la labor de investigación subtituladora.


¡Eureka! Esta mañana, después de pasar un par de horas con un Windows (relatadas más en profundidad en nuestra actualización de la entrada sobre el Déjà Vu), he pensado seguir los consejos de nuestro querido amigo y ferviente blogero Loscercarlos y, ya que estaba, bajarme el VirtualDubMod y probar a incrustar mis preciosos subtítulos en el precioso vídeo de formato .avi. Después de bajármelo e instalarlo, había que meter filtros y plugins diversos y no quería yo acabar haciendo explotar aquella computadora que, más que nada, no era mía. Por ello, me he visto enfrascada una vez más en la búsqueda de un programa que me permitiera incrustar los subtítulos en el vídeo. Buscando y buscando he acabado encontrando un programa llamado ffmpegX. Si bien es cierto que también requiere algunos plugins adicionales, la página te va explicando pasito a pasito cómo instalar correctamente la versión de prueba (que es con la que he trabajado) y no hay pérdida alguna. Aquí una captura de cómo es la interfaz del programita que, la verdad, no podría ser más simple ni más intuitivo ni podría haber dado mejor resultado:


Se abre el archivo de vídeo y, en la opción de filtros, su sube el archivo de subtítulos. He probado varias veces, tanto con archivos .str como con .ssa y, finalmente, he comprobado que si se quiere mantener el encoding UTF-8 se debe subir un archivo .saa. En la opción de «Pos[ición]», podemos modificar la altura a la que queremos que estén los subtítulos (marcado en azulito en la foto); si marcamos 100, los subtítulos estarán pegados abajo del vídeo y, si vamos descendiendo la cifra, los subtítulos se irán elevando en el vídeo. Una vez que hemos elegido todos los parámetros, entre los que están también el tamaño de la letra e incluso la fuente (para aquellos que tengan cierta debilidad por las tipografías), damos a «Codifique» (que está en francés puesto que los desarrolladores del programita son franceses) y en menos de un minuto un sonidito de horno nos avisa de que el vídeo ya está listo. He tenido que hacer varios intentos hasta que he conseguido que los caracteres se mantuvieran y que los subtítulos no apareciesen en medio de la pantalla pero, al fin y a la postre, aquí tenéis el resultado. A estas alturas sigo sin haber conseguido descifrar el nombre que dice el entrevistador francés (que decidí dejar como XXX) y tampoco he sabido cómo hacer que los primeros subtítulos aparezcan más altos y luego bajen; cuando en el VLC se abre el archivo de subtítulos, siempre ocurre esto ya que abajo aparece el título del vídeo, pero ahora que no aparece no entiendo porqué sigue haciéndolo. En cualquier caso, espero que esta entrada haya servido para mostrar algunos de los programas que existen actualmente para Mac para cuestiones de subtitulado y encrustado, así como formatos y diversos procedimientos que debemos seguir si queremos dedicarnos en nuestros ratos libres (por ahora) a esta rama de la traducción. ¡Saludos subtituladores!

3.3.12

CROWDSOURCING, TRADUCCIÓN COLABORATIVA, TRADUCCIÓN COMUNITARIA Y CT3

¡Tranquilidad! Si dejamos a un lado los tecnicismos y no nos asustamos al ver siglas, números y palabros en inglés juntos, vemos que, al fin y al cabo, el sentido de estas acepciones es bastante deducible. ¿Sabéis todos esos subtítulos que andan pegados a los capítulos de las series que veis o aquellos .srt que uno se baja y que, gracias a nuestro gran amigo VLC, abrimos junto con nuestra película y ya podemos entender una versión original en taiwanés? Esto es fruto de una traducción comunitaria; una serie de personas (usuarios) deciden, por divertimento, traducir ciertas cosas para una web determinada. ¿Problema? En este caso concreto no se da ningún tipo de revisión por parte de un profesional de la traducción, motivo que explica el encontronazo, de vez en cuando, con atrocidades lingüísticas que nada tienen que ver con lo que el personaje acababa de decir hacía un momento (aunque, para ser justos, sí que existen moderadores, como en www.subtítulos.es). No obstante, su labor comunicadora es innegable y, si bien la calidad que encontramos en este tipo de traducciones comunitarias no es en muchas ocasiones la que debería, cumplen su función y, día a día, reclutan más adeptos, tanto voluntarios de la traducción como receptores un tanto conformistas.

No cabe duda de que los libros de Historia del futuro hablarán del siglo XXI como el siglo de las redes sociales. Facebook tiene ya 845 millones de usuarios por todo el mundo y, a pesar de que la lengua franca de nuestro tiempo sea el inglés, la gente sigue prefiriendo que le hablen en su propio idioma, es decir, es necesario traducir las páginas a toda pastilla y por poco dinero. Esto es lo que se conoce como crowdsourcing o traducción colaborativa en la que, al contrario que su prima hermana, sí que participan expertos y profesionales que velan por la calidad del resultado final. ¡Por cierto! CT3 no es más que un término unificador que engloba tanto la comunitaria como la colaborativa o crowdsourcing. Hasta aquí tenemos claros estos nuevos métodos de trabajo, ¿verdad? La cuestión es que la novedad siempre genera polémica y siempre existen defensores y detractores en todos los ámbitos y, especialmente, en el de la traducción, donde ciertos temas son peliagudos y hacen bastante pupa en el gremio. Existen aspectos que están en todo momento presentes: intrusismo, ética del traductor... Se ha abierto la veda y las preguntas y temores pululan por las mentes de todos aquellos que dedican su vida (profesional) a este oficio.

No debiera cundir el pánico pues es complicado saber con certeza si estas nuevas perspectivas de trabajo supondrán una amenaza; ahora bien, sí que se puede establecer una diferenciación notable entre lo que es la traducción comunitaria y lo que es la traducción colaborativa. Si un individuo decide dedicar su tiempo de ocio a traducir los subtítulos de su serie preferida sin ningún tipo de ánimo más allá del mero divertimento, sin recibir compensación económica alguna, no podemos considerar que este usuario esté cometiendo un agravio flagrante contra la traducción (a pesar de que su calidad pueda no ser excelente) pues, de hecho, está cumpliendo con el cometido básico de la traducción: comunicar. Sin embargo, si una empresa valorada en miles de millones decide expandirse (y seguir forrándose) y «utilizar» a sus usuarios como peones de obra sin más recompensa que una palmadita virtual en la espalda, esto ya es otra historia.

En ambos casos encontramos el archiconocido fenómeno del «intrusismo» (que, a día de hoy, sigo viendo difuso y mal argumentado) pero, dejando a los intrusos a un lado, creo que, en lo referente a cuestiones morales, la traducción colaborativa cruza una delgada línea que lleva al lado oscuro, lleno de opulencia y codicia. Amor al arte o amor aparte, tanto los traductores como los receptores debieran ser exigentes con los productos que crean y consumen. Creo que la función de la traducción es compartir y hacer de mediador lingüístico y cultural, de mensajero de las palabras y las ideas para que aquellos que no puedan comprender distintas manifestaciones artísticas (o no tanto) en otra lengua que no sea la suya propia puedan hacerlo. Aquel que pasa horas traduciendo una serie de anime para que todos sus acérrimos seguidores puedan disfrutar de ella a la mañana siguiente, quizá no cuente con la ayuda de un experto pero tampoco busca fama ni dinero: es una perfecta hormiguita. Aquel magnate de las finanzas que desde un despacho planea estrategias de marketing entre las que se encuentra engatusar a los usuarios de su red para que «colaboren» con la causa y reciban así una gran sonrisa y, si acaso, una cuenta premium en un futuro próximo es un perfecto tiburón.

¿Qué es mejor y qué es peor para la traducción? Si pensamos en calidad, el tiburón tiene un ejército marino a su disposición y no dejará que nada se interponga en su camino: empleará los medios que sean necesarios para conseguir mantener su supremacía y que el resultado de «sus esfuerzos» sea óptimo. En cuanto a la hormiguita, trabajará a destajo; sin que nadie se de cuenta, poco a poco y con esfuerzo, empezará a construir su humilde morada y, anónima, se granjeará el beneplácito de sus colegas y una enorme satisfacción personal. Si pensamos en términos éticos, las razones que nos mueven a hacer determinadas cosas son muy diversas pero, más allá de ser honesto con las palabras y los textos, uno debe ser honesto con los que le rodean y no debemos abusar de ese supuesto prestigio y notoriedad para conseguir un producto cuyo «creador» merece, al menos, cierto reconocimiento si, a costa de ello, otros van a sacar (una buena) tajada. ¿Vosotros qué pensáis?

Próximamente: gestión de proyectos...